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ADVANCED SPANISH LITERATURE

El concepto del laberinto en las obras de
Jorge Luis Borges

por Estye Ross

En los cuentos de Borges, el autor utiliza el concepto del laberinto como un señal que la realidad del cuento está confundida y que por eso las cosas no son lo que parecen ser. Borges usa el laberinto de maneras diversas. A menudo el laberinto simboliza la oscuridad y las sombras, el caos y la confusión, una vuelta a la subconsciencia, o un descenso al pecado, aun al infierno. A veces el laberinto del cuento es una jornada larga y ondulante, hasta a veces circular, hacia un fin inevitable.

En su cuento Los dos reyes y los dos laberintos, Borges introduce la idea que un laberinto no tiene que ser hecho de escaleras, puertas ni muros -- puede ser cualquier cosa en que alguien se pierde. En este cuento, el rey de Babilonia, un homre con mucho orgullo, construye un laberinto tan perplejo y sutil que pocos se aventuran a entrarlo. Los que sí entran se pierden. Un rey árabe viene a visitar al rey de Babilonia, y para hacer burla del árabe, el rey de Babilonia le hace penetrar el laberinto. Pero, como dice Borges, la confusión y la maravilla son obras de Dios, no de hombres. Entonces, cuando el rey árabe se pierde, implora socorro divino y, gracias a Dios, encuentra la salida. Antes de irse el rey árabe le comenta al rey de Babilonia que en Arabia también hay un laberinto, uno mejor, y que tal vez algún día lo pueda conocer. Con los pasos de tiempo eventualmente el rey árabe estraga la Babilonia y lo toma cautivo al mismo rey. Lo lleva a su laberinto – el desierto "donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso." El rey de Babilonia, en morir, muestra que lo impenetrable y/o lo inescapable no es hecho por hombre. El laberinto más perplejo es vacío de todo menos Dios. Tal vez el espacio, nuestro sentido de tiempo y la existencia son un laberinto es sí mismo.

Si el tiempo puede servir como gran laberito, moviéndose y desorientándose al protagonista, entonces algunos laberintos pueden ser vistos como senderos circulares. Dos de los cuentos de Borges El brujo postergado y Las ruinas circulares cuestionan la fuerza de la realidad versus la fuerza de lo mágico. En ambos cuentos, la jornada, o el laberinto, es dictada por la interacción de la realidad y la magia, y en ambos cuentos la jornada tiende ser circular. En El brujo postergado, El Deán de Santiago va a Toledo para aprender el arte de la magia del famoso brujo Don Illán. Don Illán acepta enseñarle al Deán, y el Deán le promete a Don Illán que nunca lo olvidará. Mientras el Deán estudia, dos hombres llegan y le dicen al Deán que ha sido nombrado Obispo. Don Illán le pide el decanazgo vacante para su hijo, pero el nuevo Obispo le dice que el puesto lo tiene reservado para su propio hermano. Eventualmente de Obispo llega a ser nombrado a arzobispo y otra vez no niega darle el vacante obispado a Don Illán para su hijo. Se repite lo mismo cuando el Arzobispo es nombrado Cardenal y hasta cuando por fin llega ser nombrado Papa. Como Papa el anterior Deán de Santiago proclama que Don Illán no es más que un brujo y lo manda al cárcel. Don Illán anuncia que va a regresar a Toledo, y el "Papa" se encuentra a pie de las escaleras de Don Illán en Toledo, otra vez Deán de Santiago. Habiendo seguido el sendero de su laberinto circular, el Deán ahora se da cuenta que su realidad estuvo confundida. Sabe que la magia es más fuerte que la realidad – la magia parecía ser la realidad. Entonces tal vez un sueño puede ser la realidad para alguien y vice versa. Tal vez su jornada fue real, pero ahora que es el Deán de Santiago otra vez, lo que pasó no importa. Suyo fue un laberinto en que se borró la linea entre la realidad y la magia.

A diferencia de El brujo postergado, en que el sueño mismo es el laberinto, en Las ruinas circulares el laberinto es el proceso de soñar. El cuento está ambientado en ya otro laberinto – una selva oscura y misteriosa, donde hay algunas ruinas circulares. Mientras un extranjero "sueña" un hombre a vivir, la magia del sueño interactúa con la poca realidad que hay en el cuento. Después de días de soñar, el hombre soñado nace. Es importante que el resto del mundo, incluyendo el hombre soñado mismo, piense que el hombre soñado es un hombre verdadero"de carne y hueso" porque si no, la magia del sueño no rebasará la realidad y el hombre soñado no podrá seguir viviendo la mentira. El hombre soñado, por vivir sin saber su verdadera condición, persiste existiendo. Pero la existencia del soñador está confundida. El extranjero cree que sabe la verdadera condición de su creación y de sí mismo, pero cuando está a punto de morir, llega a reconocer el momento en que la magia rebasó la realidad. A fines del cuento, Borges escribe, "Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una aparencia, que otro estaba soñándolo." Como el Deán en El brujo postergado, el extranjero llega a comprender que la realidad puede existir entre la magia y la magia entre la realidad. El laberinto de su jornada simboliza esa confusión.

Más que una jornada hacia una realización, un laberinto de Borges puede ser una búsqueda hacia el conocimiento. Este es el caso en los dos cuentos El etnógrafo y La busca de Averröes. En El etnógrafo, Fred Murdock, un americano estudiando a los indios de la pradera, está buscando sentido en la vida. Vive con los indios como uno de ellos, y quiere conocer el gran secreto que tiene el shamán para poder compartir los resultados de sus investigaciones con el resto del mundo. Cuando este shamán por fin le cuenta el secreto a Murdock, él se va de la toldería para regresar a la ciudad como anticipado. Pero al fin niega a revelar el secreto a su jefe para que él pueda publicarlo. Murdock dice, "El secreto, por lo demás, no vale lo que valen los caminos que me condujeron a él." En adición a llevar a Murdock a ese fin, el laberinto del cuento tiene otro nivel. Mientras Murdock vivía en la pradera, abandonó los ritos occidentales y adoptó una manera de vivir más primitiva. Olvidó la realidad del occidente. Al regresar, sin embargo, le hacía falta la manera de vivir de los indios. Tenía que negar la realidad de la pradera. Con cada curva del sendero del laberinto, la percepción de la realidad cambia.

En La busca de Averröes, el laberinto, o la jornada de Averröes, consiste en tratar de definir algo sin marco de referencia. Es una búsqueda hacia el conocimiento, pero es un conocimineto imposible de obtener. Averröes quiere definir la tragedia y comedia que ya había definido Aristóteles, pero Averröes nunca ha visto un teatro. En el laberinto -- esta vez todo el desarrollo del cuento -- hay dos claves grandes: primero, Averröes observa jugar un grupo de niños donde ellos pretenden ser figuras islámicas de la comunidad. Ellos pueden inventar su juego porque todos los conceptos necesarios están dentro de sus marcos de referencia. Luego, Averröes va a la casa de Farach, un amigo suyo. Hay una discusión entre los invitados sobre el Corán como una obra de arte o como un atributo de Dios. Ellos llegan a sus conclusiones porque, otra vez, todos los conceptos necesarios están dentro de sus marcos de referencia. Pero cuando ellos empiezan a discutir sobre la China, no pueden llegar a ninguna conclusión porque la China no está dentro de sus marcos de referencia. ¿Puede algo ser real si no existe un marco de referencia? El penúltimo párrafo del cuento describe la derrota de Averröes en no poder definir tragedia y comedia y el último párrafo describe la derrota de Borges en no poder definirlo a Averröes. Entonces la paradoja llega a cumplir otra interpretación del concepto del laberinto. Tal vez el proceso de escribir un cuento puede ser considerado un laberinto en sí también.

Un último ejemplo borgiano que trata el concepto del laberinto como señal de una realidad neblada es el cuento Emma Zunz. En este cuento oscuro, el laberinto toma un papel más tradicional -- sirve como un descenso al pecado. Hay tres escenas laberínticas en Emma Zunz, un cuento que describe el plan "imaculado" que desarrolla una obrera joven, Emma (protagonista/antiheroína), en querer vengarse de su siniestro jefe, Aaron Lowenthall, quien por razones innecesarias de delinear aquí es responsable por la ruina y el eventual suicidio de su padre. Esencialmente, Emma decide prostituarse con un desconocido total para luego tener en ella la evidencia física y el trauma sicológico necesario para poder acusarlo a Lowenthall de haberla violado y pues tener el pretexto de defensa propia por haber tenido que matarlo. Pero antes de fusilarlo, Emma quería que Aaron sepa que ella se había enterado de todo. Desafortunadamente los nervios de Emma, entre todo el caos, no le permiten y lo fusila a Lowenthall antes de que él pueda escuchar ni una palabra de su lectura preparada, demostrando otra vez lo fortuito que es el mundo aún con un plan supuestamente perfecto. Uno de los primeros imágenes de laberinto aparece cuando Emma desciende al vientre del navío de ese marinero desconocido con quien planea tener relaciones. Otro sigue cuando Emma toma el autobús a través de las avenidas de Buenos Aires yendo al hogar de Lowenthall. Y un tercer laberinto se presenta cuando Emma entra, o mejor dicho penetra, en el apartamento de Lowenthall, situado arriba de la fábrica de tejidos donde ella misma trabaja. Los tres laberintos muestran descensos, cada uno un nivel más profundo y deplorable. También señalan el proceso necesario de Emma en tener que separarse paso a paso de la realidad para poder cumplir con el acto formulado tan precisamente. Aun necesita divorciarse de su propia identidad.

Aunque todos estos cuentos borgianos tengan temas diversos y cada uno sea didáctico en su misma manera, todos ellos están unidos por la presencia de algún laberinto que permite surgir la cuestion ¿qué es la realidad? Pero, como los mejores laberintos son vacíos de todo menos Dios, tal vez la realidad de Dios es la única. Tal vez la humanidad es un juguete del destino, y todo el mundo se mueve a través de un gran laberinto con una definición limitada de la realidad. En algunos instantes, esto es el caso de los protagonistas de Borges. Son títeres pero quieren ser "muchachos verdaderos." Sin embargo, en cuanto a la naturaleza, nadie tiene marco de referencia.